REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 06 | 2017
   

Letras, libros y revistas

Mesita de noche


Patricia Zama

Narrativa condensada
Una mujer desnuda toma café sentada a la mesa de una cafetería pública mientras otra, vestida, se sumerge en la tina de baño; de noche, en mitad de la carretera, a la luz del candelabro, cena en solitario otra mujer; una pareja se comunica por celular a unos cuantos pasos de distancia. Éstas son algunas de las imágenes de las ocho fotografías de 50x70 centímetros de la colección Vulnerables que presenta Sofía Elena Ibarra Reynoso en Salamanca, España, en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Pública “Casa de las Conchas”.
Sofía llegó hace doce años como estudiante a la más universitaria de las ciudades españolas, ahí donde se formó el Licenciado Vidriera de Cervantes, considerado antecedente de Don Quijote. Ahora Sofía se despide de Salamanca como creadora, con esta exposición donde explora, en sus propias palabras, “la dicotomía interior/exterior que hay en nosotros, y también el juego que se forma con nuestro entorno. En cada escena intento reflejar una situación en donde se dé este tipo de relación. Un solo instante en donde no interese lo que ha pasado antes o lo que pasará después, sino que funcione como una narrativa condensada. Me interesa contar historias que provoquen más preguntas que respuestas. He intentado, combinando los elementos en las escenas, dar esa sensación de ambivalencia al tiempo de crear instantes que tuvieran algo de misterioso, mágico, bello… Escenas que, por un lado parezcan cotidianas y familiares, pero que, a la vez, provoquen en el receptor el extrañamiento mediante la incorporación de ciertos elementos disonantes.”

El caracol
“Las palabras pueden nombrarlo todo”, dice Norman Manea (Rumania, 1936), Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. “Mi único hogar, mi única patria es el idioma que llevo conmigo, como un caracol lleva consigo su casa en el peregrinar”. Sobreviviente del holocausto, exiliado y peregrino, es autor de novelas, cuentos, ensayo y poesía. En las librerías mexicanas se venden cinco títulos de su obra, todos editados por Tusquets: su novela autobiográfica El regreso del Huligan, sus cuentos reunidos en El té de Proust, cuatro relatos articulados en Felicidad obligatoria, la novela La guardia, y el libro de ensayos Payasos.

Clásico de clásicos
A la colección Nuestros clásicos que edita la UNAM y dirige Hernán Lara Zavala llega una edición singular de El Quijote, compuesta por el propio Lara Zavala para cerrar con esplendor este año de conmemoración del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes y rendir un homenaje al más clásico de los autores. Con las características de la colección, que está dirigida a todo público, en edición rústica y formato de cómoda lectura, la novela aparece en dos volúmenes (105 y 106) con “las observaciones y eruditos comentarios del gran cervantista Diego Clemencín (1765-1834), el prefacio que Heinrich Heine escribiera para la versión alemana del Quijote de 1837 y un tercer volumen (108) que contiene el facsímil de las valiosas Anotaciones a la historia de don Quixote de la Mancha de John Bowle, pastor protestante inglés, fundador del cervantismo, que dedicó catorce años a aprender español y leer un gran número de libros de caballerías y de autores contemporáneos de Cervantes, para después editar y anotar la magna novela; la obra fue publicada en Londres y en Salisbury en 1781”, como se explica en la cuarta de forros. Las anotaciones de Bowle fueron tomadas del volumen original propiedad de la Fundación Franz Mayer, que fue fotografiado hoja por hoja profesionalmente para poder reproducirse y acompañar esta edición de la UNAM.
En cuanto a las anotaciones de Clemencín, dan cuenta no sólo del gusto por la novela, sino del amor a las palabras. Como muestra, en el capítulo VIII, después de la batalla de los molinos de viento, cuando don Quijote se enfrenta al vizcaíno, escribe Cervantes: “El Vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo su coraje”, y Diego Clemencín anota: “Aquí está bien marcada la diferencia entre las palabras denuedo y coraje, que alguno quizá tendría por sinónimas. El denuedo está principalmente en la actitud y el gesto; el coraje es la resolución unida a la ira; el denuedo es del cuerpo; el coraje, del ánimo. Coraje tampoco es valor, porque éste es tranquilo.”
Una edición pues, para seguir disfrutando las aventuras de don Quijote y la maestría de Cervantes.

Escribir sin perder la sonrisa
“Cuando leí el Quijote en el preuniversitario, me quedé inmediatamente abducido. Me di cuenta de que se puede escribir literatura sin perder la sonrisa”, dijo Eduardo Mendoza a propósito de haber obtenido el Premio Cervantes. El jurado destacó que con la publicación de La verdad sobre el caso Savolta (1975), Mendoza “inaugura una nueva etapa en la narrativa española, devuelve al lector el goce por el relato, con una lengua llena de sutilezas e ironía” (El País).

El Cervantes para Mendoza
Un industrial catalán, Savolta, que vendió armas a los aliados durante la primera Guerra Mundial es asesinado en Barcelona. Este hecho sirve a Eduardo Mendoza para contar parte de la historia de su ciudad natal en formato de novela de detectives, con un desparpajo, ironía y sentido del humor tan efectivos, que 41 años y 15 novelas después, gana el Premio Cervantes 2016, considerado el Nobel de las letras en castellano, dotado con 125 mil euros. En la “Nota del autor” a la edición de bolsillo de 2006, explica cómo nació La verdad sobre el caso Savolta: “Nací, crecí y me eduqué en un país caracterizado por la paz, el orden y la garantía de que casi todo lo que podía suceder era previsible. Desde luego, todos sabíamos que esta placidez reposaba sobre una violencia inaudita, cuyos orígenes eran complejos y se remontaban a un largo pasado; pero en la calle un velo de discreción parecía cubrir este pasado y los libros de historia sólo suministraban al respecto datos fríos del rigor académico. Quiero decir que no disponíamos de una narración que nos permita reconstruir este pasado como algo vivo, y en consecuencia, reconocernos en él. Por supuesto, cuando empecé a escribir La verdad sobre el caso Savolta no pretendía cubrir esta carencia: ni mi ambición era tan grande ni mi intención tan precisa; simplemente acometí su escritura movido por este impulso.” Aquí un fragmento:
“El doctor Flors abrió una puerta e invitó a pasar a su acompañante. No pudo evitar el comisario Vázquez un estremecimiento al trasponer el umbral. La celda era cuadrada y alta de techo, como una caja de galletas. Las paredes estaban acolchadas, así como el suelo. No había ventanas ni agujero alguno, salvo una trampilla en la parte superior que dejaba penetrar una incierta claridad. Tampoco existía mobiliario. El enfermo reposaba en cuclillas con la espalda erguida apoyada en la pared. Sus ropas estaban hechas jirones y apenas si ocultaban su desnudez, lo que aumentaba su ruindad. Llevaba semanas sin afeitar y se le había caído el pelo en forma irregular dejando al descubierto aquí y allá franjas de cuero cabelludo. Un aire denso y pestilente se respiraba en la celda. Cuando el comisario hubo entrado el doctor cerró la puerta con llave, y el policía y los enfermos se quedaron solos frente a frente. Lamentaba el comisario Vázquez no haber traído su pistola. Se volvió a la puerta y al mismo tiempo se abrió una mirilla por la que asomó la cara del médico.
—¿Qué hago? —preguntó el comisario
—Háblele despacio, sin levantar la voz…”

El rey automóvil
Ultimo Parri quiere diseñar y construir una carretera perfecta, y Alessandro Baricco cuenta esa odisea en su nueva novela, Esta historia (Anagrama). Aquí las primeras páginas:
“Tibia era la noche de mayo en París, en mil novecientos tres. Saliendo de sus casas, cien mil parisinos se dejaron la noche a medias, y fluyeron en masa hacia las estaciones de Saint-Lazare y Montparnasse, estaciones de tren. Algunos ni siquiera se fueron a dormir, otros pusieron el despertador a una hora absurda, para saltar de la cama, lavarse sin hacer ruido y darse de bruces con las cosas, buscando la chaqueta. En algunos casos, eran familias enteras las que marcharon, pero por regla general fueron individuos solos los que emprendieron el viaje, en gran parte en contra de toda lógica o sentido común. Las esposas, en las camas, más tarde, estiraban sus piernas hacia el lado ahora vacío. Los padres intercambiaban unas palabras, restadas a la discusión del día anterior… era un ruido muy extraño porque cien mil personas a las dos de la madrugada son como un torrente que corre sobre un cauce de nada, desaparecidos los guijarros, mudo el lecho. Sólo el agua contra el agua. Así corrían sus voces… El tren salió a las dos y trece minutos. Ya corre, ese tren que va a Versalles.
”En los jardines del rey, pastando en la noche, provisionalmente dóciles bajo las carcasas de hierro, en torno a su corazón de pistones, los aguardaban 224 automóviles, quietos sobre la hierba, entre un vago olor a aceite y a gloria. Estaban allí para disputar la gran carrera, de París a Madrid, Europa hacia abajo, desde la niebla hasta el sol… Podían alcanzar, esos automóviles, los 140 kilómetros por hora, arrancados a carreteras de tierra y baches, en contra de toda lógica y sentido común, en un tiempo en el que los trenes, sobre la brillante seguridad de los raíles, a duras penas alcanzaban los 120. Tanto era así que en la época estaban convencidos –convencidos- de que más rápido ya no se podía ir, humanamente hablando: ésa era la última frontera y ése era el límite del mundo… Los más veloces, los más pesados, los más famosos. Eran reyes. El automóvil era rey, porque todavía no había sido concebido como siervo; había nacido rey, y la carrera era su trono, su corona; todavía no existían los automóviles, existían los reyes, ven a verlos a Versalles, en esta tibia noche de mayo, en París, mil novecientos tres.”

El objeto que deseas
Una joya símbolo de la intención de unificar las iglesias de Oriente y Occidente es el objeto que persigue Simón, el protagonista de la aventura de El jardín del honor (Alfaguara), novela histórica y de suspenso de Maruan Soto Antaki. Un fragmento:
“Las mentiras cansan al mentiroso y a veces es necesario un instante de verdad. De eso se trata todo… Decenas de colecciones privadas se han hecho de compras discretas. Visitantes disimulados se pasean en busca de su próxima adquisición. Ve un objeto, un cuadro, un mueble y ofrecen cantidades que obligan a los museos a cuestionar la necesidad de mantener entre paredes el objeto que otro desea. Contraponen valores, no todo el arte cuesta lo mismo. Hace tiempo, así, un argentino que encontró refugio en México tras la muerte del dictador Videla, se quedó con el Jaguar clásico del Arte Moderno de Chicago. El tipo debió ser cercano a los militares. Lo supe dirigiendo una disquera en México, cuando todavía se vendían discos. Su mujer era una rubia falsa, delgada hasta los huesos pero con tetas gigantes, pagadas por él, claro. Debían costar tanto como la hebilla de plata y oro que cerraba su cinturón de piel de víbora o cocodrilo. Hacía juego con sus botas texanas. El descapotable era rojo. No valía tanto como la variedad de las cosas que vieron la luz con ese dinero. Con su venta, los de Chicago consiguieron ingresos suficientes para llenar una sala entera con piezas de la bodega. Habían permanecido en cajas por años. Todas necesitaban restauración, inventario y nuevas vitrinas. En la vida hay que saber diferenciar las prioridades. Lo mejor es no ocultar nada… Mira, Simón. Al fondo. Una estudiante se acerca a la puerta de roble, parece perdida. Su caminar es ingenuo. La falda de su uniforme, recta, a la cadera. Ya tiene novio pero ha venido sola, es evidente en ciertos gestos y tamaños, como lo es en los hombres a los que de repente se les ensancha la espalda, de una noche a la mañana, cuando sus padres viajaron y les dejaron el departamento para una bacanal que terminó en satisfactoria y rápida vergüenza. La han visto dos gañanes…”

Entre la grandeza y yo
“Lo único que se interpone entre la grandeza y yo… soy yo… Si no puedo hacer una buena película es porque no está en mí”, Woody Allen a propósito de su nuevo film, Café Society (Irene Crespo, El País).

Secuela policiaca de Orgullo y prejuicio
El último libro publicado por la inglesa P.D. James (1920-2014) antes de morir es una novela policiaca, que juega con la continuación de una de las novelas emblemáticas de la literatura inglesa, Orgullo y prejuicio, de Jean Austen. Es difícil estar de acuerdo con las secuelas de obras clásicas (ya ocurrió con la continuación de Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell), pero sin duda son un divertimento para los que las escriben y para quienes las leen. Aquí un fragmento de La muerte llega a Pemberly, de P. D. James:
“Elizabeth y los demás presentes se agolparon frente a la ventana y desde allí vieron a lo lejos un cabriolé que daba bandazos y cabeceaba por el camino del bosque, en dirección a la casa, las dos farolas centelleantes como pequeñas llamaradas… El coche seguía avanzando a gran velocidad y, ladeándose, tomó la última curva que lo alejaba del camino del bosque y lo acercaba a la casa. Elizabeth estaba convencida de que no se detendría al llegar a la puerta. Pero ahora ya oía las voces del cochero, y lo veía forcejear con las riendas. Finalmente, los caballos se detuvieron y permanecieron en su sitio, inquietos, relinchando. Al instante, antes siquiera de darle tiempo a desmontar, la portezuela del coche se abrió e, iluminada por la luz de Pemberly, vieron a una mujer que casi cayó al suelo al salir, gritando al viento. Con el sombrero colgado de las cintas que rodeaban su cuello, y con el pelo suelto que se le pegaba al rostro, parecía una criatura salvaje, nocturna, o una loca huida de su reclusión. Durante unos momentos Elizabeth permaneció clavada en su sitio, incapaz de actuar ni de pensar. Y entonces supo que la aparición estridente y desbocada era Lydia, y corrió en su ayuda. Pero ella la apartó con brusquedad y, aun chillando, se arrojó en brazos de Jane y estuvo a punto de derribarla. Bingley dio un paso al frente para asistir a su esposa y, juntos, la condujeron casi en volandas hasta la puerta. Ella seguía gritando y forcejeando, como si no supiera quién la sujetaba, pero, una vez en casa, protegida del viento, consiguieron comprender el significado de sus palabras entrecortadas.
--¡Wickham está muerto! ¡Denny le ha disparado! ¿Por qué no vais tras él? ¡Dios mío, Dios mío, sé que está muerto!
Y entonces los sollozos se convirtieron en gemidos, y Lydia se derrumbó en brazos de Jane y Bingley, que la iban conduciendo despacio hacia la silla más cercana…”

El comienzo del horror
El norteamericano William Blatty (1928-2017) fallecido la semana pasada escribió la novela El exorcista (1973), escribió el guión y dirigió la película que ha alimentado las pesadillas de millones de lectores y espectadores. Aquí un fragmento del primer capítulo:
“Como el maldito y fugaz destello de explosiones solares que sólo impresionan borrosamente los ojos de los ciegos, el comienzo del horror pasó casi inadvertido: de hecho fue quedando olvidado en la locura de lo que vino después, y quizá no lo relacionó de ningún modo con el horror mismo. Era difícil de juzgar.
La casa era alquilada. Acogedora. Hermética. Una casa de ladrillo, colonial, cubierta de hiedra, en la zona de Georgetown, en Washington D. C. Al otro lado de la calle había una franja de “campus” perteneciente a la Georgetown University; detrás, un escarpado terraplén que caía en pendiente vertical sobre la bulliciosa calle M y, más lejos, el fangoso río Potomac. El primero de abril, por la mañana temprano, la casa estaba en silencio. Chris MacNeil se hallaba incorporada en la cama, repasando el texto de la filmación del día siguiente; Regan, su hija, dormía en su habitación, al final del pasillo, y los sirvientes, Willie y Karl, ambos de edad madura, ocupaban una estancia, contigua a la despensa, en la planta baja.
Aproximadamente a las 12:25 de la noche, Chris apartó la mirada del guión, y frunció el ceño con perplejidad. Oyó ruidos extraños.
Eran raros. Apagados. Agrupados rítmicamente. Un código insólito de golpecitos producidos por un muerto… Escuchó durante un momento y luego dejó de prestar atención; pero como los ruidos proseguían, no se podía concentrar. Arrojó violentamente el manuscrito sobre la cama… Salió al pasillo y miró a su alrededor. Parecían provenir del dormitorio de Regan...
Caminó lentamente por el corredor, y de pronto los golpes se oyeron más fuertes, más rápidos. Al empujar la puerta y entrar en la habitación, cesaron de pronto...
La niña de once años dormía, firmemente abrazada a un gran oso de felpa de ojos redondos. Arruinado. Descolorido después de muchos años de asfixiarlo, de cubrirlo de tiernos besos húmedos.
Chris se acercó suavemente al lecho y se inclinó murmurando:
—Rags, ¿estás despierta? —Respiración rítmica. Pesada. Profunda. Chris paseó la vista por el cuarto. La débil luz del pasillo llegaba mortecina y se astillaba sobre los cuadros pintados por Regan, sobre sus esculturas, sobre otros animales de felpa...”


Novedades en la mesa
El español más vivo, 300 recomendaciones para hablar y escribir bien (Espasa). Este libro habla del español que se hace todos los días en la calle y luego se consulta en la red… La novena (Alfaguara), nueva novela de Marcela Serrano, es un relato acerca de la traición, a través de generaciones de mujeres, y también un libro de acción y política… Musa (Anagrama) de Jonhatan Glassi, para conocer el mundo de las editoriales de Nueva York… Pequeño Pushkin y otras historias. Antología personal (editorial Ficticia) de Mauricio Carrera... Diario sin motocicleta, volumen 1: Europa (Francia, Italia, Portugal y España), de Canek Sánchez Guevara, editado por el sello Pepitas de Calabaza… Anagrama lanza una reedición de Duo de Colette, con nueva traducción y un prólogo de Milena Busquets, quien dice “La situación parte de un esquema clásico: un matrimonio lleva una vida armoniosa y feliz hasta que el marido descubre fortuitamente que la esposa ha tenido una aventura, cuyo alcance ignora, con su socio y amigo… el marido se debate obsesivamente ante el dilema: ¿qué podría soportar mejor: la comunión espiritual entre la mujer y el intruso, o la lujuria desencadenada que podría ser tan sólo un capricho de la carne?”… La novela póstuma del francés Julien Gracq (1910-2007), Las tierras del ocaso, recientemente editada por Nocturna ediciones, con traducción de Julià de Jòdar, es la continuación de El mar de la Sirtes, novela con la que obtuvo el Premio Goncourt 1951… Debate publica Primera página, un libro autobiográfico escrito en tercera persona, con las memorias de Juan Luis Cebrián, el primer director del diario español El país que salió a la calle el 4 de mayo de 1976… Con su nueva novela, El salvaje (Alfaguara), Guillermo Arriaga continúa con el tema de la violencia y la corrupción… Las batallas del emblemático héroe Ché Guevara narradas por su nieto, Canek Sánchez Guevara, en 33 Revoluciones, editado por Alfaguara… El gigante enterrado (Anagrama) es la nueva novela del británico de origen japonés Kazuo Ishiguro (Nagazaki, 1954), que se desarrolla en la Inglaterra medieval, entre dragones y caballeros, donde una pareja de ancianos emprende un viaje de reencuentro. Ya se prepara la versión cinematográfica… En Siqueiros del paraíso a la utopía (Miguel Ángel Porrúa) Irene Herner hace un recuento de los detalles menos conocidos del famoso muralista mexicano… En camas separadas (Tusquets) es un libro de ensayos acerca de historia y literatura. La edición fue coordinada por David Miklos y participan, entre otros, Antonio Saborit y Susana Quintanilla... El camino de ida (Anagrama) es la última novela publicada en vida del argentino Ricardo Piglia, fallecido el pasado 6 de enero a los 75 años de edad. Se espera la edición definitiva de sus diarios, que escribió durante 60 años y que aparecerán con el sello de Anagrama.