REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
28 | 04 | 2017
   

Confabulario

It’s only Rock and Roll!


Gerardo Ugalde

Montados sobre un hermoso Cadillac, Keith y Mick viajan por una verde carretera británica, bajo los influjos de la marihuana, cantando una boba canción. La neblina había vuelto imposible la visibilidad; más allá del auto nada podía percibirse. A ninguno de los dos cayó la idea de que existiera la posibilidad de impactarse.
Keith, emocionado por el color del amanecer (o del whiskey) y el buen ritmo que llevaban, olvidó el volante, lanzándose a la parte posterior en busca de la guitarra. Sus dedos marcaron un requinto lento, preciso, extraordinario. Mientras, el carro caía colina abajo alcanzando el borde del velocímetro, millas adelante un pequeño tractor subía sin prisa; lo manejaba un joven pelirrojo. En menos de cinco segundos ambos se estrellarían. Mick al escuchar la guitarra, observó a su compañero, regresó la vista al frente, vio una luz y de inmediato pateo el volante. Girando el bólido de acero reboto contra la contención y terminó volcándose hasta estallar sobre el tractor.
Sangrando y con los huesos rotos, las Piedras Rodantes, sentían el fuego. Al abrir los ojos Keith, la imagen del hombre en llamas lo levantó; su brazo colgaba, la sangre en los ojos lo cegó temporalmente. Comenzó a temblar, sin embargo no estiró un pie de ahí. Mick despertó debido a su pierna rota. Vio a Keith, y también vio el resplandor. Le gritó ¡ayuda! a su compañero, luego maldiciones, mas no obtenía respuesta alguna, se arrastró hacía una roca y, con la poca fuerza que le restaba, la arrojó hacia la cabeza del guitarrista. Éste salió de su deslumbramiento y corrió hacia su compañero. La cogió de un brazo y caminaron hacia el bosque.
Los Rolling Stones no dejaron de maldecir su suerte. Drogados y ebrios mataron a un hombre. La justicia y la sociedad condenarían el acto y caerían por diez años o más en prisión. Ocultos en una pequeña arboleda, los estragos del accidente ya repercutían gravemente en el cuerpo de cada uno. Las fuerzas se habían largado de ellos y no les quedaba otra opción que descansar cobijados por el verdor del lugar. Hambrientos y adoloridos, cayeron en un letargo mortal. Un viejo que pasaba por ahí notó a los muchachos. Su primera impresión fue la de un crimen atroz, los cuerpos apestaban y su aspecto no era mejor. Aunque viejo, tomó a Mick y lo cargó en su espalda, llegó hasta una cabaña y depositó contra la puerta al maltrecho vocalista. Regresó e hizo lo mismo con Richards. Curó a los dos, cocinó unos vegetales y se recargó sobre la pared fumando un aromático tabaco con una larga y curvilínea pipa. El primero en recobra el conocimiento fue Jagger, quien al no reconocer su ubicación saltó sólo para caer nuevamente; su pierna estaba entablillada. No notaba al anciano de su derecha, comenzó a arrastrarse por toda la habitación sin ningún motivo.
-Joven, manténgase quieto, usted se encuentra malherido -dijo el viejo, expidiendo una nube de humo que lo volvía misterioso. Ayudó a Mick para que se recostara sobre un catre -gracias viejo, usted es un milagro.
-Pasaba por ahí, rumbo a mi casa, cuando escuché los gemidos de aquél -apuntando a Richards, que dormía como un bebe- el alcohol lo ha ayudado con el dolor -el viejo fue a la cocina y sirvió un vaso con agua, después lo arrojo al rostro del guitarrista. Sintiéndose asfixiado cayó al suelo justo en el brazo roto. Mick y el viejo rieron al oír los llantos de Keith; eran iguales a los de un cachorro necesitado de una teta que morder. Recargó su espalda en el sofá y escupió hacia el pie de su amigo.
-¿Dónde diablos estamos? ¿Quien es usted? -el anciano no respondió, fue nuevamente a la cocina y cogió dos tazones arrojando estofado en ellos, se los dio a cada uno y estos respondieron con un gesto de agradecimiento.
Horas después, cuando el viejo había ido por leña para que el fuego de la chimenea no se extinguiera, Mick y Keith conversaban acaloradamente.
-Eres un imbécil -reclamaba Mick -si no hubieras soltado el volante no estaríamos en esta situación; pudriéndonos como ratas- señalando la choza en la que se encontraban.
-Tenía un buen ritmo, alguien tiene que componer, no únicamente se debe bailar como un idiota en el escenario- Mick cogió un quinqué vacío y lo lanzó hacia Richards, éste lo esquivó sin ningún problema.
-Así que ustedes fueron los que se estrellaron contra el tractor -el viejo se veía imponente, bajo el marco de la puerta, con cuatro leños en un brazo y en la otra el hacha, algo oxidada- murió un hombre ¿Qué harán, entregarse?
-Yo soy inocente, él era quien manejaba, será él quien irá a prisión. Mick se puso de pie con una vara que el viejo había conseguido para apoyarse. -Es un borracho estúpido, que vaya a prisión, que le den por el culo.
Keith, imperturbable, tomaba aquella larga y curvilínea pipa -buen tabaco viejo ¿dónde lo obtuvo?
-No se preocupen, no los delataré, por los días de la guerra me porté un poco mal con algunas damas (riéndose mientras hacía movimiento lúbricos con la cadera), ahora lo que tienen que averiguar es que se dice de usted. El viejo fue por la ginebra y sirvió tres tazas, cada quien tomó la suya; la chimenea tronaba constantemente, armonizando el espíritu de la conversación. Yo fui ayer al pueblo y, sé que la gente de ahí hará una cacería, si yo fuera ustedes me largaría de aquí.
-¿Cómo? ¿Acaso no se ha dado cuenta de nuestro estado? ¡Somos una mierda!
-Son unos llorones -enfurecido por el licor, tal vez, o porque Keith quemó el sofá con la pipa. El viejo clavó el hacha en la pared -iré a cazar un ciervo, espero que se hayan largado cuando vuelva o yo los mataré.
“Los mataré, los mataré, los mataré” Keith no dejaba de escuchar esas palabras, su brazo no ayudaba tampoco, entre el dolor y el hambre, caminar era muy pesado. La profundidad del bosque los confundía; todo era absolutamente igual. Los árboles, los sonidos, nada cambiaba, para rematar la situación debía ayudar a Mick, no podía él caminar sin tropezarse.
-Mick ¿qué se sentirá arder, igual al que conducía el tractor?
-Estúpido, debió sufrir hasta la médula, cállate y ayúdame a ponerme en pie, tenemos que llegar a algún lugar.
-Espero morir de viejo, amigo.
-Morirás en unos años, maldito borracho, todo esto es tu culpa, podríamos estar con bellas mujeres, bebiendo y fornicando, pero tú querías probar el Cadillac, imbécil.
-Cuando lleguemos te compraré uno, en señal de arrepentimiento.
-Gracias Keith, tienes un alma generosa.