REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 03 | 2017
   

Arca de Noé

Los trancos de Bracho


Carlos Bracho

Tranco I
Ya se han ido acabando los pavorosos anuncios que por todo aparador decente, por cualquier anuncio espectacular que embarran el horizonte, esos horribles y desastrosos especímenes de la publicidad imperialista y decadente, que aparecen por todos los sitios de la antes Ciudad de los Palacios, y que impiden que uno pueda ver las nubes, que se puedan admirar las copas de los árboles que inútilmente mecen sus hojas al viento tratando de llamar la atención, misma cosa que no consiguen por la plaga omnipresente y que están por todas las calles, por todas las avenidas y por cualquier lugar al que nuestros ojos antes divisaban embelesados los volcanes y los cerros circunvecinos. Nada. Nada. Ahora, con eso de que los diputados y senadores y hasta el mismo presidente en turno se jactan de “trabajar para el bien común”, ahora es cuando la contaminación visual y material nos afecta hasta la muerte, nos impide tener una vista que agrade los sentidos. Sí, éste es el resultado de las políticas neoliberales, que en plata y hablando en serio, quiere decir capitalismo feroz y degradante, apabullante y depredador. No digo que tiempo pasado fue mejor, no. Pero sí es de extrañar el que ahora México no nos pertenece. Todo se compra y se vende al mejor postor. Ahora no somos dueños de nada. Las playas son propiedad de empresas multinacionales; las minas es el otro drama no oculto: ahora somos esclavos de los empresarios canadienses y chinos y por allí uno que otro mexicano que actúa igual que los patrones del medioevo. La gasolina la compramos porque el petróleo ha sido entregado a los agiotistas, el agro ha sido degradado y está punto menos que abandonado, todos o una enorme parte de los alimentos que adquirimos en las tiendas de nombre extranjero y que han sustituido a los tendajones, a las tiendas de la esquina, son alimentos con etiquetas que indican que provienen de otros países. El peso vale un soberano cacahuate. La gasolina sube, el gas sube, la luz sube, el agua sube, el predial sube, todo está por las nubes, y los ya nombrados diputados y senadores se la pasan en discusiones bizantinas y gozando de salarios y bonos que son una vergüenza y que es un saqueo a las arcas públicas. ¿Moral? ¿Cuál moral? ¿Independencia? ¿En dónde está? ¿Soberanía? ¿Existe? ¿Dignidad republicana? No se conoce. Ese es, lectoras insumisas, el resultado de años y años de saqueos y de vivir una cultura del fraude y de la impunidad. Y bueno, todo esto, esta retahíla de quejas y realidades monstruosas, es lo que nos ha impedido gozar las fiestas que pasan. El año nuevo nos va a hacer ver con verdadero pavor que al tal señor EPN todavía le quedan dos años en los cuales terminará su labor de zapa, su trabajo que consistió en traicionar a la Revolución Mexicana. Y eso, esa verdad manifiesta me hace pensar en el pueblo mexica: ¿Está dormido…? ¿Le vale un comino el desbarajuste social? ¿Le encanta que le suban los impuestos? ¿Le satisface que los gobernadores sigan robando a manos llenas?
Pero ¡Basta! Sí basta de amargas quejas. Hay que tratar de al mal sacarle algo de bueno, de las puñaladas que los políticos nos asestan tratar de que duelan lo menos posible, que la venta del país sea sólo un mal sueño. Yo por lo pronto me voy a pasear con María. Sí, me voy a Xochimilco, nos meteremos en una trajinera, compraremos una botella de tequila, y de la trajinera/cocina nos jambaremos unos chilaquiles que deben picar como abejas africanas, pero claro, son, como siempre, ricos, sabrosos, como sabrosos serán los besos que María va a recibir de su enamorado, o sea yo mismo; sí, todo el coraje, y que María lo siente también en su alma nativa, todo ese coraje, digo, lo lanzaremos al agua para que los ajolotes se den gusto con él, y María y yo, libres de cargas emotivas, libres de iras políticas, libres de ataduras a las que los gobernantes nos han atado, libres, nos abrazaremos, le cantaremos al México que se nos fue, brindaremos con el tequila blanco, del que raspa, en honor a Juárez, le daremos una mordida a la tortilla de máiz morado y llena de guacamole, y al hacerlo lo haremos recordando a Morelos, y cuando nos “aventemos” otro caballito de tequila, pensaremos en los Flores Magón, en Lucio Cabañas, en los 43, y las lágrimas que ello nos provoca las lanzaremos al viento para que los volcanes las reciban y se hagan solidarios de nuestra soledad. Luego nos iremos a casa de María, que queda junto al embarcadero. Y desde su terraza, en donde las macetas con geranios y con lirios y con azucenas nos vean cómo nos abrazamos, cómo nos besamos, cómo hacemos el…
Sí, aquí corto estas palabras, porque al hacerlo me dará la libertad de salir corriendo por ella, por ella, por María… Ella vale la pena, no los políticos traidores a la Revolución…
Bueno. Me voy por ella.
Vale