REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2018
   

De nuestra portada

"Ler o no ler"… he ahí el dilema


Benjamín Torres Uballe

La "nueva" generación de políticos en México arriba a los puestos públicos con mayor preparación académica. Por lo menos eso es lo que muestran sus perfiles laborales disponibles a la ciudadanía.
Exclusivas instituciones educativas nacionales y del extranjero integran los “sólidos” y apantalladores currículos de los actuales funcionarios. Ya no es como en antaño, cuando el Presidente de la República y los integrantes del Gabinete egresaban de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Hoy es común enterarse que la tecnocracia presume a cabalidad sus blasones escolares. Doctores y maestros dominan en la clase política. Empezando por el jefe del Ejecutivo federal, quien se tituló como abogado en la prestigiosa Universidad Panamericana y posee una maestría en administración por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
Y de ahí hacia abajo nadie se queda atrás en la materia. El ex secretario de Hacienda y aún muy influyente Luis Videgaray Caso es egresado del reconocido Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y del todavía más elitista y famoso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde obtuvo el grado de doctor en Economía.
Otro ejemplo es Enrique Ochoa Reza, presidente del PRI, también egresado del ITAM, poseedor de dos maestrías y un doctorado en la Universidad de Columbia en Nueva York. En tanto que el actual secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, otro itamita, tiene un doctorado en Economía en la no menos célebre Universidad de Yale. Y así pudiéramos seguir con la lista.
Por eso es que en ese marco, que muestra a la “nueva” generación de políticos gobernantes con una rigurosa trayectoria académica, no se comprende el cúmulo de dislates en que incurren estos prodigios que conducen los destinos de 120 millones de mexicanos.
Como el controvertido secretario de Educación Pública —uno de los hombres más cercanos al presidente Enrique Peña Nieto—, Aurelio Nuño Mayer, egresado de la Universidad Iberoamericana y maestro por la Universidad de Oxford, quien el pasado 14 de noviembre fue exhibido públicamente por Andrea, una alumna de tercero de primaria y quien corrigió al funcionario, tras señalarle: “no se dice ler, se dice leer”. De pena ajena, diría la vox populi.
Definitivamente, una educación de calidad en escuelas privadas y de enorme prestigio es una herramienta muy poderosa que a todos nos gustaría, pero no en todos los casos es condición necesaria para complementar un bagaje intelectual y cultural. Vamos, ni siquiera garantiza un correcto desempeño en el ámbito laboral y profesional. De varios casos hemos sido testigos.
Una muestra la regaló involuntariamente el entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011, al no poder mencionar tres libros que hubiesen sido importantes en su vida. En uno que logró mencionar, se equivocó de autor (La Silla del Águila, dijo que era de Enrique Krauze, pero el autor es Carlos Fuentes).
La cultura, salvo algunas honrosas excepciones, no es una de las prioridades en los integrantes de la clase política mexicana. Hoy está de moda poseer los mayores grados académicos posibles en instituciones de renombre mundial, ésa es la exigencia, lo que viste, lo que produce, lo que en la mayoría de los casos les abre la puerta al rentable mundo de la política.
Si tuviesen que pasar por un examen de cultura, muchos de los militantes de la alta burocracia se quedarían en el camino, a pesar de la avalancha de maestros y doctores que entre ellos existe.
Reiteramos, una sólida preparación de conocimientos no es mala, por el contrario; pero es mucho mejor si se complementa con el indispensable equilibrio cultural. Ahora, resulta indispensable precisar que entre el espectáculo —el llamado show business— y la cultura hay una brecha gigante. Cortar el listón inaugural de una exposición en Bellas Artes o el de una muestra de cine de arte en la Cineteca no genera per se una dosis de cultura relevante. Proporciona, eso sí, algunas fotos en los diarios y el infaltable cúmulo de loas en los boletines oficiales de las dependencias.
Mucho ayudaría a los eminentes doctores y maestros del “gabinetazo” empezar por olvidarse de su aversión a la palabra cultura y en el lerdo enfoque con el cual usualmente la tratan. Esto se refleja en los insuficientes presupuestos y apoyos al sector y a los artistas e intelectuales que no se alinean con el oficialismo. Una prueba irrefutable de lo último lo vivió el escritor y académico René Avilés Fabila, a quien le negaron sistemáticamente el apoyo para el Museo del Escritor. La cultura en México tal parece que sirve primordialmente para colocar a los amigos, la familia y los “dóciles”, en el benéfico presupuesto. Para los críticos sólo hay desdén y falta de oportunidades.
Leer contribuye decididamente a forjarse un horizonte más promisorio en el tema cultural. Ése es un camino infalible (no el único, que conste). Y aclaro: la cultura no está reñida en modo alguno con la tecnología, ni la ciencia, sino se complementan perfectamente. Así que, distinguidos maestros y doctores, empiecen a leer, no sea que se vayan a encontrar a otra niña precoz como Andrea y los corrija ante los ojos del mundo. Y ya saben, se dice leer, no ler.

@BTU15