REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 06 | 2018
   

De nuestra portada

Donald Trump en México: una visita desastrosa


Héctor Ceballos Garibay

La invitación a México que Peña Nieto le hizo a Donald Trump constituye el más grave error político de un Presidente en la historia reciente. Y aunque en este juicio coinciden la mayoría de la población y también los analistas nacionales e internacionales, resumiré los puntos esenciales que corroboran tanto la insensatez como las consecuencias funestas de este dislate.
1- Es deber de los Jefes de Estado dialogar con todos los representantes políticos del mundo, incluso si son de ideologías opuestas. Pero esta actitud es imperativa sólo cuando los interlocutores son gobernantes en funciones y no cuando se trata de candidatos en campaña electoral.
2- Resulta conveniente no involucrarse en la liza electoral de ningún país extranjero, pero si además de la intromisión se invita a una persona que ha insultado y agraviado reiteradamente al país anfitrión, entonces estamos ante una torpeza colosal. No había posibilidad alguna de redimir a Donald Trump, un personaje que concita el repudio generalizado de nuestros compatriotas. Una improbable disculpa igualmente hubiera sido simple hipocresía con tintes electorales. Claro que no aconteció tal gesto de arrepentimiento.
3- La verdad es que no había ninguna necesidad de convidar a Trump a nuestro país, amén de que tal invitación era riesgosa y desaconsejable dado que el magnate está en franca desventaja frente a Hillary Clinton en todos los pronósticos, encuestas y apuestas sobre quién ganará las elecciones en Estados Unidos. Y lo peor del tinglado: al recibirlo como si fuera jefe de Estado y al darle reflectores en los medios, Peña Nieto se convirtió en comparsa, en “tonto útil” del magnate. En los hechos, el mandatario mexicano favoreció la campaña electoral de Trump gracias a esta visita efímera. Y al perjudicar a Hillary se enemistó con quien muy probablemente será la próxima presidenta del país vecino, amén de enojar igualmente al Partido Demócrata y al Presidente Obama. ¿Puede haber una estupidez mayor?
4- Luego del encuentro en México, Donald Trump reiteró en Arizona su política anti inmigrante y anti mexicana, con lo cual quedó demostrado que vino a México con el único fin de sacar raja político-electoral de la ingenuidad del mandatario mexicano, con quien la relación “amistosa” ha quedado más dañada después de los desmentidos mutuos. Corolario: no se quedó bien ni con dios ni con el diablo.
5- La organización del encuentro, para colmo, adoleció de errores garrafales: fue Trump y no el gobierno mexicano quien impuso los tiempos de la cita, fue el empresario quien llevó la batuta de la conferencia de prensa, y penosamente Peña Nieto no aprovechó la oportunidad para clarificar públicamente su rechazo al famoso muro y su protesta frente a los insultos proferidos por Trump contra los mexicanos.
6- Más allá de los hierros de fondo y forma, y aparte de lo que pudo haber dicho y no dijo Peña Nieto, considero que el problema central de este enredo residió en la absurda idea de “dialogar” con Trump (no importa si también se invitó a Hillary Clinton). Con un mínimo de conocimientos de sicología, cualquier asesor competente se hubiera percatado de que resultaba una candorosa ilusión formalizar acuerdos diplomáticos con un tipo que padece megalomanía, individualismo patológico, mitomanía crónica y cerrazón dogmática a todo lo que no sea su visión racista, xenófoba, misógina y mesiánica. Es justamente por su peculiar personalidad, tan similar en muchos sentidos a Hitler, que este sujeto representa un peligro para el mundo, pues en el hipotético caso de que llegara a la presidencia de Estados Unidos, querrá imponer al planeta sus delirantes conceptos de supremacía y aislacionismo norteamericanos.

Y fue con este individuo con quien Peña Nieto supuso que podría recuperar algo de su desprestigio político. Qué vergüenza.