REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 06 | 2018
   

De nuestra portada

Taller Caracol Púrpura XV Aniversario


Dionicio Morales

Dentro de las Artes Plásticas en México, el grabado desde el siglo XIX con Manuel Manilla, Guadalupe Posada, Gabriel Vicente Gahona, Picheta, y con el taller de Antonio Vanegas Arroyo, alcanzó de entrada su mayoría de edad, no como una disciplina más en el panorama pictórico de nuestro país, sino como una técnica y una expresión fuera de serie que con el paso de los años se convirtió en un recurso novedoso y trascendental en donde ocupa México un lugar privilegiado en el mundo, además, con la irrupción años después del “Taller de la Gráfica Popular”, en su primera época, en donde figuraban Leopoldo Méndez -el Posada del siglo XX-, Pablo O’Higgins, Raúl Anguiano, Alberto Beltrán, Ángel Bracho, Jean Charlot, Fernando Castro Pacheco. Luis Arenal entre otros.
Desde entonces, a pesar de la marginación que sufre el grabado en nuestro medio por el marketing mundial que pesa sobre las artes plásticas, México cuenta en la actualidad con grabadores extraordinarios que han hecho suya esta vocación, y con la aportación de ciertos pintores contemporáneos que algunas veces recurren -con buena fortuna- a esta experiencia. En esta muestra tenemos la oportunidad de admirar la obra de varios artistas que realizan su trabajo en el Taller “Caracol Púrpura” -Luís Garzón y Bárbara Huerta- de la Ciudad de México
Los grabados del maestro Gilberto Aceves Navarro están realizados con la maestría de siempre, en los que se aprecia un regodeo visual, a veces con sentido del humor, con sus movimientos suaves y poéticos y unas tonalidades que en su conjugación hablan por sí solas. Del recién desaparecido Raúl Anguiano podemos observar dos de sus temas característicos en su obra: los toros y los rostros indígenas, en los que se pueden apreciar, sobre todo en los primeros, su experiencia de años, su bien asimilada técnica y un colorido fuerte, brioso, en composiciones de contrastes ágiles frente a la mirada. Leonel Maciel, con una sola obra, muestra una de sus facetas -tiene muchas- como pintor, y nos regala a la vista su propuesta nacida de los mitos y personajes que le tocan de cerca y que él, con su libre expresión viste de fiesta para halago de los sentidos.
Luis Filcer presenta obras en las que la figura humana es su tema principal llevadas a un primer plano -ya cerca, ya lejos- pero ambientadas en las perspectivas de los motivos profundos en las que enmarca cada una de sus propuestas.
Martha Chapa realiza unos grabados, ahora con otro de sus tópicos predilectos, los animales, con la consabida presencia del fruto primigenio que ella ha hecho el motor de su obra: la manzana, en una profunda concentración de elementos ambientales y coloridos fuertes.
Rocío Caballero elige las figuras femeninas y masculinas y nos presenta una trilogía de desnudos sensuales, cachondos, provocadores, que entre claroscuros y claridades amaciza su bien manejada técnica pictórica entre signos fatalistas y poéticos.
Julio Chico ilumina su ya de por sí encendido paisaje con las figuras femeninas estilizadas en sus actitudes y con un colorido rico y profundo, donde los naranjas, azules, verdes, amarillos, llevan al espectador a una fiesta multicolor muy bien balanceada para sacudir el dormido equilibrio de nuestros sentidos.
Las obras de Luis Garzón aquí presentadas oscilan entre un mexicanismo asimilado de los viejos maestros y una ¿reencarnación? de cierta mitología animalesca pero humana, siempre en colores sobrios, ebrios de soledad, por una parte, y tonalidades oscuras y brillantes, por la otra.