REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 06 | 2018
   

Confabulario

La casa del escorpión darkaja


Edgar Aguilar Farías

José y Clara son recién casados, entre ellos hay muchas cosas que los unen, siendo una de ellas un gusto por las vanguardias artísticas surgidas en las primeras décadas del siglo XX o anteriores siempre que tengan algo en común. Y recientemente han adquirido una caduca casa que es de esa época y que tiene todos los elementos de tales corrientes.
La casa que se encuentra en una añeja colonia de una capital latinoamericana y era propiedad de un viejo de unos ochenta años de nombre Aurelio de Otero.
El precio que puso por su viejo hogar le resulto muy accesible a José, pues el Señor Aurelio tiene pensado mudarse a Monterrey, o eso comento el primer día en que José y Clara conocieron aquella persona.
José después de una semana ha depositado en la cuenta del señor Aurelio el pago acordado, y en estos momentos los tres se encuentran firmando los últimos documentos para que sea oficial el cambio de propietarios.
- Bueno y con esto último la casa es oficialmente suya señor José – dijo el Señor Aurelio acomodando el titulo de propiedad y otros documentos con su temblorosas mano llenas de manchas marrones producto de su avanzada edad, para después guardarlos en un folder de cuero.
- Me siento satisfecho de decir que la casa es por fin nuestra Clara – dijo José muy entusiasmado, con Clara a su lado y los dos sentados en unas viejas sillas de madera en el estudio, cuyos muebles de estilo Art Noveau son un testimonio de los años que se han quedado congelados dentro de la casona.
- Bueeno – dijo Aurelio algo apenado – me temo que todavía tengo que entregarle las llaves de la propiedad y antes quisiera enseñarle que llave abre que cosa en este, mi viejo hogar.
A José no le importo dar un nuevo tur en su nuevo hogar, aunque estuviera algo destartalada y el tiempo se a dedicado a hacer lo suyo, ocultando su añeja magnificencia entre el polvo, las cuarteaduras, el moho y la hierva que rodea los muros y techo del edificio.
El señor Aurelio se paro difícilmente de su silla, tomo su bastón y empezó a andar con su encorvada figura delante de los nuevos dueños. Los llevo desde el segundo piso donde esta el estudio por los pasillos que se encuentran afuera como balcones que unen los cuartos de forma externa.
La herrería de los barandales del primer y segundo piso son de un estilo Art noveau algo grotesco por el descuido, y la armonía arquitectónica de las mismas esta rota por unas rusticas escaleras de azulejos de distintos colores que llevan desde el patio que se localiza en el centro del terreno hasta la azotea y que sirven de unión directa entre la planta baja y el ultimo nivel de la casona.
En cada piso hay jardineras de concreto muy descuidadas y que dan un deplorable aspecto al lugar y las puertas, algunas de herrería, de diseños geométricos que evoca el viejo espíritu progresista y vanguardista del modernismo. Otras son puertas de madera Bauhaus o Art Deco que se encuentran en un peor estado que las de metal.
La casa cuenta con tres baños perfectamente amueblados, dos recamaras en el segundo piso y una de huéspedes en el primero, así como un cuartito para la sirvienta que al mismo tiempo cuenta con baño y cuarto de lavado y se localiza en la azotea. En la planta baja hay un gran salón con su comedor y justamente adelante del salón una escalera de un fino estilo Art deco.
Detrás de la escalera que une la planta baja con el primer piso esta un arco que conduce a la amplia cocina. Esa parte de la casa cuenta con un horno de ladrillo y una estufa de leña, ambos de tiempos coloniales y se localizan muy en el fondo de la cocina y que sirven solo de recuerdo de un pasado remoto.
La cocina tiene una amplia puerta que lo conecta al patio pero tanto la puerta como la cocina son los cuartos mas deteriorados de la casa incluso la cerradura de la puerta esta tan dañada que tiene un candado con cadena que atraviesa los rotos vidrios de las ventanas dando un aspecto terrible de abandono.
El salón de la planta baja tiene un ventanal de puertas corredizas y cuya excelente herrería habla muy bien de la casa, aun cuando a un costado del mismo termina la escalera que sube a la azotea.
En el segundo nivel, donde están las recamaras, también se encuentra una estancia con libreros y es donde empieza la escalera que va a la azotea. Las escaleras del interior están localizadas en zigzag, situándose la primera en el occidente de la casa en la parte que une el salón con la cocina. La segunda en el oriente robándole espacio al baño en ese nivel y la tercera y la menos elaborada en el occidente conectando el cuarto de la sirvienta con el resto de la construcción.
Después de una Hora de crónicas y de verificar cada llave la pareja se encuentra bastante fastidiada, sin embargo ponen atención a cada detalle respecto a que llaves abre cada cerrojo y cuando creen que el señor Aurelio les muestra la ultima de las llaves en la azotea, donde se encuentra el cuarto que era de la sirvienta y a unos metros de la misma, en el exterior, un invernadero muy similar a los palacios de cristal del siglo XIX usados en las exposiciones universales en Paris e Inglaterra.
Aurelio abre fácilmente la puerta del invernadero que hace un ligero sonido como si fuera nueva, pero la manija al igual que toda la estructura de hierro al puro estilo del Halle de Paris, se encontraba deteriorada y los vidrios empañados por lo viejo y en algunos casos parchados.
No pasan al interior del invernadero, Pues Aurelio no lo cree conveniente y la pareja tampoco, pero les explica que hay dos llaves para el invernadero, una con la que abrió la puerta que esta enfrente de la habitación de la muchacha de limpieza y otra al fondo, que se dirige directo a unos tendederos y al tinaco de concreto de la casa, con vista a la calle.
A un lado del invernadero que ocupa todo lo ancho del piso superior se encuentra un pasillo fuera de borda y une el descanso de las rusticas escaleras de caracol que van desde la azotea al jardín de la planta baja, en ese punto del recorrido Aurelio le advierte que tengan cuidado con las escaleras, pues una tía suya se mato al bajar por ellas hacia unos treinta años atrás.
El morbo de la historia de Aurelio despierta el interés de la pareja, la cual le hace algunas preguntas para que sea más detallista en los hechos. Mientras bajaban por las escaleras de azulejos Aurelio les cuenta, que la casa la construyo su padre muchos años atrás, en ella vivió gran parte de su familia hasta que solo quedo el. Entonces cuando habían llegado a la planta baja Aurelio cambia repentinamente el rumbo de la conversación diciendo.
- Y por último la puerta del sótano de la casa -tales palabras sacaron de su trance a la pareja que se extraño al saber que tenían sótano.
El terreno de la casa es un rectángulo de unos doscientos metros cuadrados, siendo sus partes más angostas el ala poniente y oriente de la construcción, y las más amplias el norte y sur. En el sur se encuentra la puerta que da a una calle empinada de dos carriles. Y en el Norte esta la mayor parte de la estructura arquitectónica.
La casa básicamente es una L acostada, donde el sur es un muro de unos cuatro metros de alto, cubierto con enredaderas de jardín y pegado a la misma se alzan unas amplias jardineras. En el oriente solo hay un cuarto en la planta baja que es la cocina y arriba techado como un balcón comedor que se pierde entre la maleza y el muro sur. A ese sitio los lleva Aurelio mientras buscaba la llave del sótano en su llavero.
-El sótano -explicaba Aurelio- es tal vez el cuarto más amplio de toda la casa. Abarca todo el piso de oriente a poniente.
Entonces oculto entre los muros, las jardineras y las hierbas se encuentra una puerta inclinada 30º que se abre de par en par. Aurelio se agacha para alcanzar la cerradura y al igual que todas las demás puertas, con excepción la de la cocina, hace un ligero sonido como si fuera reciente.
Delante de la pareja se encontraba un oscuro espacio rectangular provisto de unas escaleras que se adentran a las tinieblas del sótano. Aurelio confiado entra y le pide a la pareja que lo siga y esta movida por la curiosidad se adentra junto con Aurelio en la oscuridad del cuarto subterráneo, y cuando habían avanzado unos escalones antes de llegar a un descanso que cambiaba la dirección de la escalinata Aurelio acciona un interruptor que prende una luz artificial delante de ellos y de todo el sótano.
El sótano era muy amplio y a cada lado se encontraba una hilera de columnas con un estilo egipcio antiguo que dejo boquiabierto a la pareja. A su mano derecha a menos de un metro por donde se baja y adherido a la pared, un mural en bajo relieve de un escorpión sagrado dentro del circulo solar egipcio con sus alas extendidas y que abarca todo el ancho del mural. En la composición del mural había también unas sacerdotisas adorando al escorpión, que iban de grande a pequeño conforme se acercaban al escorpión sagrado.
A su izquierda exactamente en medio del sótano un vehículo de los años veinte, de color negro y cuya pintura esta desgastada por el tiempo y el polvo que la cubre. Fuera del deterioro de la pintura y de las llantas el carro se veía completo, por dentro y por fuera.
Aquel bizarro objeto tenía el frente con sus faros fuera de borda mirando el mural como una estatua.
- ste es el viejo Bugatti de mi padre señor José y viene con todo y la propiedad -Dijo Aurelio dirigiéndose a él.
- Wow, es increíble, y como lo puedo sacar… -Dijo José adelantándose para examinar el carro.
- Me temo que no lo puede sacar de este sótano señor José -le dijo Aurelio.
- ¿Porque no? Sino como… -decía José cuando fue interrumpido por Aurelio.
- Me temo que la entrada quedo sellada cuando construyeron las demás casas de esta colonia – dijo Aurelio muy calmado.
- Como es eso posible señor Aurelio -Dijo Clara estando a un lado del viejo.
- Al parecer mi padre diseñó una entrada lateral para la entrada del coche, por donde estaba la cocina pero cuando la ciudad fue creciendo y llegaron los vecino, bueno se sello la entrada con los cimientos de la casa de al lado y el nuevo pavimento haciendo imposible sacar este vehículo.
- ¿Y porqué no lo sacaron antes que se empezara a construir todo lo de alrededor? -dijo José desconcertado.
- Eso es algo que jamás me explico mi padre y que se llevo a la tumba -respondió muy calmado Aurelio.
- ¿Y ese mural? y ¿las columnas antiguas? -preguntó Clara que estaba menos interesada en el carro.
- Eso es posterior, un prometido de una tía mía los construyo aquí no se bien por que propósitos, él era un pseudo artista o algo así, y supongo que no tenia nada que hacer o solo porque se veía bien, la verdad es que mi tía, que fue la que se murió cayéndose de las escaleras, le hubiera explicado mejor, yo no se muchas cosas, pues no había nacido o era muy pequeño -les dijo Aurelio alejándose del vehículo en dirección a la salida.
Al salir del sótano Aurelio camino muy callado, casi perturbado en dirección al salón de donde saco unas maletas que estaban en un rincón del cuarto. José ofreció ayudarlo a cargar las maletas de un color beige de la sala de la planta baja, pero Aurelio no quiso ser ayudado y se dirigió a la salida de la casa, se calmo y se despidió de forma amable.
La pareja al ver la actitud berrinchuda del viejo entendió que debiera ser difícil para el separarse de aquel inmueble en el cual vivió casi toda su vida, pero por otro lado, la decisión de irse fue de él, ni José ni Clara le obligaron a irse, así que con un poco de cinismo de su parte lo acompañaron en la puerta asegurándose que se fuera de una vez.
A los quince minutos llego un taxi, y todos salieron y la pareja vio como Aurelio se iba siendo la ultima vez que José y Clara verían a Aurelio.
Los días pasaron y la frustración empezó a invadir a José. Su mujer y el deseaban restaurar su casa recién comprada, siendo un sueño que compartían aun desde antes de conocerse.
José es un importante ejecutivo que trabaja en una empresa de helados. Empezó como vendedor por comisión, descubriendo en el un gran talento para las ventas cosa que se vio recompensada con su accenso a los tres meses de haber empezado su labor, al año ya era jefe de todo un sector y cuando cumplía dos años en su empresa siendo ya un importante ejecutivo fue comisionado como representante para una importante convención de telemarketing y desarrollo de mercado en una importante playa en el caribe.
Fue allí donde conoció a Clara quien al igual que él había empezado como promotora y ascendió rápidamente por su facilidad de palabra.
Ninguno de los dos es atractivo; José era alto y delgado, tanto de cuerpo como de rostro pero su cara dibujaba una sonrisa que daba confianza, siendo su único atributo físico. Clara era una mujer sin ningún chiste, pechos medianos, apenas tenia cintura y sus caderas no eran muy amplias. Su rostro ovalado daba risa, pero Clara era maestra en el maquillaje y el arreglo personal y sabía como resaltar u ocultar todas sus desventajas físicas como mujer.
En la convención ambos descubrieron tener un gran gusto para las ventas y en especial su gusto por las antigüedades modernistas, aun cuando no fueron muy doctos en el tema, aun así deseaban conseguir una casa o en su defecto objetos de esas corrientes artísticas, por eso cuando se casaron y se propusieron adquirir un hogar y supieron del señor Aurelio sus corazones palpitaron de gusto y ambos se prometieron conseguir y restaurar aquel inmueble, costase lo que costase.
Sin embargo habían pasado tres semanas y no habían conseguido a ningún contratista que restaurase su casa a un buen precio y que no buscara demoler la construcción y sustituir muros y techos por tablaroca.
Era un jueves y José apenas miraba la pantalla de su computadora, pues estaba distraído mirando la sección amarilla buscando a un nuevo contratista en ese momento su secretaria, como era su costumbre, traía los correos que le llegaban, que por lo general eran catálogos, muchos inútiles y que apenas llamaban la atención de José.
Pero ese día la secretaria, una mujer regordeta, dio un paso atrás al ver en el muro detrás del asiento de José un alacrán de unos cinco centímetros de largo, de un color caoba que se iba oscureciendo conforme la piel se volvía un agudo aguijón en la punta de la cola.
José vio el horror en la cara de su secretaria y dio la media vuelta y el también quedo sorprendido de aquella alimaña adherida a la pared. Con mayor valor que su secretaria le pidió uno de los catálogos para matar aquel animal, pero en el momento en que empezaba a enrollar el papel, el insecto se movió, José trato de alcanzarlo, pero este escapo entre las aberturas del mueble detrás del escritorio de José.
Hubo un gran alboroto para tratar de matar aquel animal y uno de los catálogos se zafo del manojo al momento de golpear el muro donde estaba el escorpión. Cuando la calma volvió y la monotonía empezaba a tomar su curso, José se agacho por el catalogo que se había salido de su mano, lo levanto y vio que era de constructores y restauradores, se sentó nuevamente y lo empezó a hojear.
El Lunes temprano llego el Señor Gómez quien era un contratista de un amplio currículo, el cual había restaurado haciendas coloniales, algunos templos y principalmente edificios en varias ciudades conservando su estilo original.
Ese día Gómez iba hacer el presupuesto de la restauración del hogar de José y Clara, y el Junto con Clara estaban frente al enorme zaguán de madera con herrería Art Noveau y el arco de piedra tallada con intrincados diseños evocando el concepto de glamour de esa corriente artística. Sus amplias enjuntas como el de las catedrales góticas rompían ligeramente el estilo de líneas sofisticadas para dar paso a formas naturalistas de hojas y lotos que rodeaban la clave del arco el cual era una enorme cabeza tricéfala con cuernos que sobresalen de su cabeza y que se mezclan en la parte mas alta del arco para convertirse en grecas y volver a bajar hasta las estrías del arco recuperando el estilo modernista de todo el pórtico.
- Increíble -dijo Gómez contemplando la arquitectura de la entrada- esta entrada es una perfecta evocación al estilo Art Noveau en especial por la cabeza de la diosa Hécate…
- De la diosa… ¿Qué? -dijo Clara confundida.
- Hécate diosa de las encrucijadas y según la mitología cristiana medieval la madre de las brujas. Pero no me sorprende encontrar caras o símbolos representando dioses paganos en este tipo de construcciones.
- ¿No lo comprendo señor Gómez? -Dijo Clara mientras le abría la puerta al contratista.
- Bueno, no lo aparento, pero tengo un diplomado en historia de corrientes arquitectónicas del Siglo XIX y XX, aparte de una maestría en mitología y símbolos, que tome al toparme con detalles casi escalofriantes en estas construcciones -dijo Gómez muy calmado.
- ¿Detalles escalofriantes? -dijo Clara algo perturbada.
- Bueno, es un decir señora Clara -dijo Gómez al darse cuenta que había espantado a su cliente con sus comentarios -verá, no se si conozca el viejo hotel del YMCA en el centro de la ciudad.
- No, no lo conozco -dijo Clara ya en el patio de su casa.
- Bueno, yo hice unas restauraciones en ese lugar, hacia un poco mas de año y medio. Y en los últimos pisos encontramos unos cuartos interconectados a un balcón con referencias a la diosa Afrodita, de hecho todos los bajo relieves modernistas son fragmentos de la historia de esa diosa en la mitología. Esto se debe a que entre 1900 y 1930 surgieron unas sectas secretas que practicaban ritos de la antigüedad, de hecho esta casona bien pudo haber sido remodelada de una construcción mas antigua… Vea como la orilla del portón cambia de un tono de piedra a otro -y Gómez señaló una grietas que se perdían entre la maleza que cuelga del techo y el muro.
- Y la estructura de la casa recuerda a una vecindad de mediados del siglo XIX, simplemente el grosor de los muros demuestra que esta hecha de adobe o un tipo de ladrillo de esa época, incluso la forma tan cuadrada, los balcones y la forma de las ventanas son del tipo de cuartuchos que se le rentaba a los pobres en esa época -dijo Gómez mientras se dirigía a la parte oriente de la casa.
- Ese bello vitral de lirios modernistas antes era una puerta, solo mire la estructura de los costados del mismo… que hay detrás de ella señora Clara -dijo Gómez señalando un vitral de unos dos metros de alto por uno de ancho y en su base una hilera de ladrillos colocados para sostener el vitral.
- Detrás hay un baño señor Gómez cada piso tiene su baño -le respondió Clara.
- Eso demuestra mi teoría. En este tipo de vecindades, había un baño para cada piso, en algunos casos en especial en el baño de la planta baja era un baño con regadera y tasa de porcelana con la cual se lucraba, no solo para los inquilinos, sino para gente proveniente de la calle y seguramente el arquitecto remodelador uso la tubería de este baño para acondicionar los baños de los pisos superiores -explicó Gómez como todo un experto.
- Bueno… Si hay algo extraño en la casa, tengo que admitirlo, pero sígame para que vea lo mas extravagante de mi hogar -entonces Clara se hizo acompañar por el contratista hasta la entrada oculta del sótano. Bajaron y Gómez quedo sorprendido por el fino mural y las columnas egipcias del sótano.
- Increíble… Un bajorrelieve dedicado a la diosa Serket.
- La diosa Serket… ¿y ella quien es? -preguntó Clara.
- Una diosa egipcia que estaba relacionada con los nacimientos y las muertes, ciertamente tuvo muchos propósitos para adorarla a lo largo de la historia egipcia, hasta su final que se le empezó a relacionar con la hechicería cuando el cristianismo llego a Egipto -respondió Gómez cuando se percato del anticuado carro en medio del sótano.
- ¿Y eso? -dijo Gómez sorprendido.
- Es un viejo carro que es imposible sacar, a no ser que se desarme supongo. En todo caso el hombre que nos vendió la casa dijo que este era un estacionamiento subterráneo y que la salida quedo tapada cuando la colonia tomo forma hacia años… Y no nos supo explicar porque no sacaron el carro antes que la entrada quedara tapada… -explicaba Clara en un trance producto del fastidio y la negación de no encontrar la verdad.
- No puedo creer eso -dijo Gómez mirando de cerca los muros- los alrededores de la colonia son lo bastante antiguos al igual que la casa como para haber existido una entrada por algún lado y los cimientos demuestran que no pudo haber una entrada en ninguna parte… son profundos y de piedra, no se pueden remover así como así, sin dañar la estructura de la superficie… Pero bueno, dejémonos de arqueología y hagamos el presupuesto para su casa -dijo Gómez dirigiéndose a la entrada del sótano, pero dejando a Clara pensativa por las palabras del Contratista.
Gómez empezó la reconstrucción de la casa a los dos días de haber entregado el presupuesto, empezando por lo que el creía la parte mas dañada, la herrería del lugar, luego el sistema eléctrico, así como la plomería y esas reparaciones elevaron el costo de la restauración, aparte cuando Gómez empezó a valorar mucho del inmobiliario de la casa. Encontró que muchas eran piezas únicas de los diseñadores y artistas del Art deco, el Art Noveau, el bauhaus, el simbolismo y el expresionismo Alemán, haciendo que su casa elevara astronómicamente su valor y por tanto el precio de su restauración, sin embargo eso parecían problemas menores en comparación a una queja muy severa de Gómez hacia sus clientes, y esta era la plaga de escorpiones que contantemente ponían en alerta a las personas que trabajaban en el sitio.
Gómez sugirió que se fumigara la propiedad antes de seguir con las restauraciones, pues temía que alguno de sus trabajadores fuera picado por esos insectos. El matrimonio se negó por todo lo gastado ya y el tiempo que le estaba tomando al Señor Gómez la restauración, y por tal motivo la remodelación se vio detenida.
Era domingo y la pareja se había enfrascado en discusiones por el dinero, estaban en números rojos y la casa era prácticamente inhabitable.
José, veía la televisión en el estudio del segundo piso, entre los muebles cubiertos de plástico y la ventana también con plástico. En esos días de descanso José se daba el lujo de no preocuparse por su imagen corporativa, de hombre educado y refinados gustos capitalistas, vistiendo cualquier trapo que estuviera holgado, fue en ese momento que oyó algo viscoso que caminaba detrás de él y dedujo que era uno de esos animales rastreros que rondaban por la construcción. Tomo una pantufla del piso, pero en ese momento, en que ponía los dedos en el piso vio a un enorme escorpión de piel callosa y vello duro, cuyo agudo aguijón era de un intenso color rojo y sus amenazadoras tenazas estaban en posición defensiva.
Tal insecto veía a José intensamente con sus diminutos ojos no mayores al tamaño de un chocho de pan, pero José lo veía casi petrificado. Su tamaño igual al de la palma de una mano lo hacia el escorpión mas grande que José jamás allá visto.
Clara estaba en la sala del primer piso, trabajando en una improvisada mesa hecha de una tabla y ladrillos, y sentada en una silla de plástico, pues los muebles estaban en otro cuarto mientras restauraban aquella sala.
Clara revisaba indiferente por tercera vez su situación financiera, pero la única razón de hacerlo era distraerse de su enojo con José, aun cuando al mirar las cuentas y ver que todo el tiempo en el que han vivido en la casa a sido de puro egreso, la ha hecho maldecir su hogar soñado.
Fue en un berrinche en el cual arroja el lápiz a la mesa que se percata de los pasos de un bicho que merodeaba en los alrededores, iracunda como estaba pensó en matar al animal como una forma de descargar su ira, pero en el momento en que se levanta, aquel animal cae del techo y se mete en la blusa de Clara, volviendo su ira, en miedo, y rápidamente se quita la Blusa blanca que tenia puesta, y la arroja al piso pero entonces siente las ocho patas del animal entre los tejidos de su sostén, se lo quita aterrorizada, pero no hay animal.
Muerta de miedo y con los brazos cubriendo sus pechos mira a todos lados tratando de hallar al alacrán, y entonces lo ve, en su antebrazo, un animal diminuto de largas patas y lisa piel amarillenta, pero de una enorme cola con un curvo aguijón y tenazas finas y largas.
José caminaba aturdido, su mirada perdida deambulaba por las escaleras que conectan el primer piso con el segundo, y al pisar el piso del primer nivel ve en el pasillo parchado y polvoso a su mujer de mirada ausente y con sus precarios pechos bamboleando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
Al verlos José, un instinto animal se despierta en él, ese lubrico deseo que le ordena, que le dice que los toque, que los lama y acaricie y el obedece. Clara por su parte se enciende cuando su marido besa sus pechos alocada y apasionadamente y el resto de la tarde hasta el amanecer ambos se conviertes en dos bestias en época de celo.
El despertador suena a la distancia, José y Clara están desnudos en un sillón en la planta baja y es Clara quien mecánicamente, como si fuera un robot, se levanta y empieza la rutina de todas las mañanas para ir a trabajar, lo mismo pasa con José, el cual no toma conciencia hasta que esta en su carro, apunto de salir a trabajar. No recuerda nada del domingo que paso, su mente esta nublada y las imágenes del enorme escorpión que encontró están borradas de su memoria. Solo parece tener ciertas nociones de la faena con su esposa en secuencias de imágenes borrosas y solo rememora como fragmentos de un rompecabezas su rutina matutina.
Ya en el trabajo y empezando a adentrarse en el mundo que significa ganar dinero, su mente se llena de ideas, conceptos, ordenes que aplica una a una, hasta lograr después de una semana aumentar sus ventas en un doscientos por ciento. Lo mismo sucede con Clara.
Al mes sus ventas reportaban un aumento del 1200%. Tal aumento en tan poco tiempo los saca de su bache financiero y rápidamente mandan fumigar toda la casa, luego recontratan a Gómez que solo le interesa acabar de remodelar la casa, pues no quiere volver a ver aquella pareja jamás; así es el temperamento de Gómez.
Antes de noviembre la casa ha quedado lista y la destartalada casona hoy ha recobrado su glamour vanguardista volviéndose en un diamante de aquella vieja colonia.
Aun cuando nuevamente José y Clara están al borde de la quiebra, se sienten satisfechos al decir que su hogar a quedado listo, para festejar deciden tomarse unas vacaciones de unos tres o cuatro días, poco les importa su trabajo con tal de disfrutar su sueño hecho realidad.
Era una mañana de lunes en el cual la rutina había desaparecido, ambos se levantan tarde, están desnudos y solo se cubren con las sabanas blancas de su cama Art deco, hecho de madera tallada y revestimientos en tela blanca y gris y metal pintado de dorado. Clara al sentir los rayos de sol golpear en su cara parpadea para despabilarse completamente. Se levanta encuerada, pisando descalza el piso de madera, algo que no es su costumbre al ser una mujer muy recatada y de costumbres conservadoras.
Pero esa mañana se levantó creyéndose bella, sintiéndose la mujer más hermosa del mundo, y posa en el arco de la ventana elegantemente decorado con un marco de intrincado diseño. Toma con sus manos las orillas decoradas de la larga ventana y posa una de sus rodillas sobre la base a medio metro del suelo, no le importa que alguien la vea desnuda, solo quiere fusionarse con el estilo de la ventana, del muro, de toda su casa. Su cuerpo hace sombra con la radiante luz de la mañana y un ligero viento rosa su cuerpo y hace revolotear las largas cortinas de fina tela.
José más aturdido que Clara se levanta extrañado al ver a su mujer en tal pose frente a la ventana. La imagen que captan sus ojos le recuerdan los carteles de artistas Art Noveau que tanto le gusta y ha visto en libros que a comprado atreves de los años. José tarda en entender las intenciones de su mujer, pues José se siente cansado, su cuerpo fatigado se sienta en la orilla de la cama y se toca la nuca. Las sombras lo cubren y por un momento es una pintura expresionista, cruda, llena de referencias de la naturaleza humana, donde el hombre es su miseria, es prueba de su debilidad.
Clara voltea a ver a su hombre cuando nota que sus brazos no la cubren y su cálido cuerpo no rosa con el suyo, y lo ve sentado en la cama, adormilado.
- ¿Estas cansado? -le dice Clara sin dejar su pose.
- Algo -responde levantando la cabeza José.
- Ven, abrázame -le ordena Clara y José obedece.
El la abraza y con sus brazos cubre su intimidad, acerca sus labios a los de su esposa y crean un beso, el nuevo beso de Gustav Klimt. Luego la levanta, para cargarla y la lleva a la cama y como ha sido su rutina desde aquel domingo en que los escorpiones los picaron, hacen el amor en cada oportunidad.
El sol se oculta en el horizonte, y después de varias horas, por fin la pareja se pone ropa para salir a cenar, van a un lugar caro y cargan más de deudas su tarjeta, y para la media noche regresan ebrios y con la comezón de deshacerse de los harapos sociales que traen puestos.
Pero José al cruzar el umbral de la puerta, le surge una necesidad fisiológica provocada por los incontables tragos que han tomado y antes de subir a cualquier recamara a seguir con su acostumbrado apareamiento de los últimos meses, pasa al baño de la planta baja.
El baño de anticuada taza de porcelana que data de 1930 y que es parte del intrincado decorado de azulejos bellamente pulidos y restaurando. Aquel baño pretendía ser un lejano estanque del Nilo, con sus lotos y demás plantas acuáticas flotando en el agua y todo representado en el azulejo cuyo estilo, como lo señalo Gómez, era propio de los simbolistas, libre de una falsa sensibilidad académica y descripciones objetivas, solamente son estéticas.
Solo José es quien rompe aquella impecable imagen etérea, con su desalineado cuerpo y su carga de aguas sucias en la blanca tasa.
José no lo ve por el elaborado diseño del techo, pero colgado esta un escorpión de tersa piel y cuerpo segmentado, de largas y fuertes patas con las que se adhiere al techo. Sus primitivos ojos enfocan a su victima que torpemente trata de acomodarse los pantalones y en un acto de malabarismo aquel animal de unos cinco centímetros de largo se deja caer sobre la cabeza de José quien no siente al animal hasta que su aguijón se hunde en su nuca.
Clara, ya esta desnuda en el cuarto de huéspedes, de diseño mas sobrio que las recamaras principales, pero cuya cama y cuadros mantienen el ambiente vanguardista de toda la casa. Clara ha dejado un rastro de sus prendas por todo su andar para que su pareja lo encuentre y siente los minutos como largas horas mientras esta tendida apasionadamente en el tálamo.
El aire frio a levantado sus pezones con los cuales juguetea impaciente, y se pregunta donde esta su amante, luego por la excitación hace trencitas con su vello púbico y siente la necesidad de levantarse y buscarlo, pero cuando miraba el reloj de la pared y se da cuenta que han pasado mas de veinte minutos desde que lo dejo en la planta baja, oye un caminar torpe proveniente del exterior y es cuando José entra por la puerta lateral, mareado por el alcohol.
Se desviste y se recuesta con su mujer para abrazarla, ella le da un gran beso y al momento de separar sus labios le pregunta.
- ¿Por qué tardaste tanto?
- Le hable al abogado quiero verlo mañana -le respondió José con voz tranquila.
- ¿Y para que? -volvió a preguntar Clara sin salir de su trance amatorio.
- No mas, solo una duda -dijo José y no se dijo nada más del tema.
A la mañana, el sol no despunta todavía en el alba cuando José se levanta, se baña y sale cuando el astro rey apenas asoma en el horizonte. Clara en ese momento lo busca como amante pero no lo encuentra y se levanta confundida.
Pasan las horas, y Clara desayuno, comienza una limpieza general a la casa, toma un largo baño tratando de apagar el fuego que hierve por dentro, come cualquier cosa cerca del atardecer y se recuesta desnuda en la recamara principal cuando el reloj marca las seis de la tarde, en ese momento José regresa, abre el zaguán recién restaurado y entra a la cocina a comer algo ignorante que Clara lo espera, se toma su buen tiempo en prepararse sus alimentos. Y ya cuando la luna corona lo bóveda celeste José sube a dormir o esa era la idea de su cabeza, cuando en el pasillo del segundo piso ve a Clara con la bata abierta y el cabello colgando.
Otra vez Clara era otra escena vanguardista que cobraba vida. Clara poseída por el espíritu de la casa toma una pose arrogante, su piel es un juego de sombras, mientras el viento revolotea las telas de su bata y su cabello creando ondulados diseños que se mezclan con las molduras, la herrería y las paredes de la casa.
Pero José, exorcizado de la corriente que vive en su mujer, se muestra delante de ella como un guiñapo burgués, triste, sumido en su vida artificial, de colores opacos, sin vida, sin creatividad, propio al arte de los finales del siglo XX, opuesto a Clara. La decadencia y la gloria del arte unidos por el matrimonio, el matrimonio el funeral de la vanguardia.
- Hola, Clara – dijo José con una triste y aburrida voz.
- Donde has estado -dijo Clara soberbia.
- Con el abogado, ¿no te dije ayer? -respondió cansado
- Y que hacías con ese burócrata privado, en vez de formar uniones intrincadas y nuevas conmigo -dijo Clara con una expresión de ira.
- ¡AHHHHG! -dijo José para romper con el interrogatorio – si quieres podemos hacerlo, sino me voy a dormir abajo.
- Que esperas entonces, quítate esos ropajes grises y pasemos adentro -dijo Clara en pose de autoridad.
Y José hizo el “amor” con Clara. Apagado, sin ímpetu, como había sido en meses muy atrás antes de irse a vivir a su nuevo hogar. La apatía de José ha resucitado la fodongués a su mujer y con ello romper con el momento. Al acabar José se fue al otro lado de la cama de forma fría y dándole la espalda a su esposa, estaba cansado y solo deseaba dormir sin importar nada.
Clara insatisfecha, miraba el techo con los brazos cruzados y lamentando el fin de una era maravillosa, hoy solo queda el recuerdo y como prueba, la casa donde están viviendo, con la cual se va a tener que conformar por lo que le resta de matrimonio. Clara le da la espalda a su esposo y se duerme furiosa por que dejo morir el momento.
La noche es fría, anunciando que el invierno se acerca, las nubes en el firmamento están ausentes y la luna brilla majestuosamente sobre un cielo azul oscuro, pero sobre la tierra una negra sombra cubre todo y se mueve rápidamente al cuarto del matrimonio. Un ruido viscoso acompaña la negrura que camina gracias a miles de pequeñas patas que en conjunto se convierten en pisadas enormes que avanzan fulminantes.
Los rayos de la luna alumbran a la masa que se mueve en la casa de José y revelan a una estampida furiosa de alacranes de todos tamaños y especies. Entran revueltos por la puerta, entre todas las hendiduras. Un gran numero se quedan estacionados en el piso con las colas levantadas y listos para atacar y los mas grandes y raros suben por la pared hasta el techo, y allí se quedan mirando abajo esperando.
José es el primero en percibir un rumor y esa sensación de ser observado de forma tan intensa como los aguijones próximos a atacar. Entre abre sus ojos y solo percibe la oscuridad, entonces unos cuantos alacranes se dejan caer y el rebote en la cama llama la atención del incauto quien busca el costado de su esposa y es cuando siente las patas de los bichos.
Espantado se da cuenta que esta rodeado de esos ponzoñosos animales que rápidamente se mueven para atacar y dejarse caer desde el techo. José se levanta gritando y Clara asustada por los gemidos de terror de su marido alza la cabeza solo para ser rodeada por esos animales.
Solo pasan unos minutos en los cuales José y Clara luchan contra aquellos insectos, y entre manotazos y patadas caen al piso, se revuelcan y después de un rato empiezan a generar espuma por la boca y sus movimientos se tornan mas leves hasta que sus cuerpos quedan petrificados como tablas, su respiración se corta y mueren de forma lenta.
Arturo era el abogado de los difuntos José y Clara, detrás de ellos dejaron una casa valuada en varios millones, una deuda que ya nadie pagara y un fraude que a cobrado como victimas a las empresas donde laboraban Clara y José.
En el testamento dejan como heredero de su único bien material a un hombre: Aurelio de los Santos Teron, la cual se leyó días antes de que se descubriera el fraude.
Arturo un hombre de baja estatura y triste mirar, ve su reloj de pulsera esperando al nuevo inquilino de la casa, el cual llega en un taxi a la hora acordada. Aurelio baja del taxi con la agilidad de un hombre joven. Él es alto, de postura orgullosa, abundante cabello cano y con algunas arrugas en el rostro. Viste un traje negro mostrando su luto por los difuntos.
Arturo portando su maleta en su mano izquierda saluda al recién llegado, se presenta y Aurelio hace lo mismo, luego el taxista baja dos viejas maletas Beige del porta equipaje y las deja a un lado de su cliente quien le paga la cuota del viaje y un poco mas por el servicio.
- Bueno Señor Aurelio como le había comentado por teléfono…
- Si, soy dueño de la casa de mis viejos amigos José y Clara. Que dios tenga en su gloria ¿y de que murieron dígame? -interrumpió Aurelio tomando sus maletas y dirigiéndose a la casona.
- El forense dijo de una picadura de alacrán, una especie local según el… Pero bueno… solo tiene que firmar unos papeles para constatar el cambio de propietarios y será todo… y además. Entonces Aurelio dejó sus maletas en el piso y miro de forma dura al abogado.
- Bueno -dijo inseguro el abogado- hay personas que desean pagar… perdón comprar su casa por el precio que pida, estas son sus tarjetas para que se comunique con ellas -entonces le pasó un manojo de tarjetas de presentación a Aurelio, el cual simplemente las tomo y las rompió sin importarle nada.
- Señor Aurelio, no me es de mi incumbencia, pero seria bueno que considerada… bueno.
- Vender esta casa -respondió Aurelio a la inseguridad del abogado. ¡Jamás! no hay ningún argumento que pueda usar para hacer cambiar mi parecer y dígales a esos que… no mejor no les diga nada -dijo Aurelio extendiendo la mano para que el abogado le diera las llaves de su propiedad.
- Eh, ah las llaves. Espere -buscó el abogado las llaves en su maleta y se las entregó.
- Mire señor Arturo -dijo Aurelio mientras sacaba la llave que abría el zaguán del llavero- creo yo que seria una falta a la memoria de un matrimonio que dio todo por un hogar tan bello como este y que refleja no solo el sueño de los difuntos, sino de quienes vivieron en ella de los que la construyeron, de los artistas ya casi olvidados que creyeron en un mundo mejor con su obra, una falta de respeto desastrosa, sin ética, ni principios.
- ¿Cómo? no lo entiendo -dijo el abogado.
- Sí, vea esta casa, antes que la restauraran era solo una piedra mohosa que opacaba las frías casas contemporáneas de los vecinos, pero hoy son esas casas las que opacan la calle frente a esta magnifica construcción, la cual irónicamente fue construida hacia mas de un siglo, su magnificencia solo se vio apagada por el polvo, pero el polvo se quita y ya lo esta viendo.
- Bueno, tal vez tenga razón pero solo es una casa y casas hay muchas.
- Casas, pero acaso no esta viendo esta ahora, no ve el magnifico diseño, los grandes acabados. Todo lo que ve es todo lo que queda del ingenio, la creatividad y las esperanzas de una generación que ya se fue. Esto que ve aquí es la única forma en la cual uno se puede inmortalizar lo único que nos separa de las bestias… Nuestra alma, un alma que solo tiene cabida en sueños metafísicos y que se vería como un sueño tonto, una fantasía infantil si no dieran testimonio de su existencia… Con objetos como estos… es por eso que mi deber es conservar el espíritu eterno de esas personas que ya son inmortales con lo que hicieron y creyeron… Y de mis entrañables amigos… José y Clara por ver lo que los demás ignoran. -Acabó diciendo Aurelio mientras entraba a la casa junto con el abogado.
Adentro firmaron los papeles y una vez que todo quedo en regla el abogado se retiro sin entender nada de lo que habían dicho antes Aurelio.
Aurelio una vez solo se paro en medio del patio y entonces un enorme escorpión de más de treinta centímetros de largo salió de un recoveco de la casa y se acercó a Aurelio.
Pese a que el animal de un rojo carmín intenso, enormes tenazas como la de una langosta, larga cola y agudo y acerrado aguijón era un mounstro prehistórico que nadie quisiera encontrarse jamás; para Aurelio le resulto muy natural verle y le sonrió cuando estuvo a su lado.
- Mi buen Kéasht, es bueno verte -dijo Aurelio mientras el alacrán meneaba feliz la cola como un perro.
- Ven sube y llama a todos -dijo mientras se agachaba.
El alacrán subió por la mano extendida de Aurelio hasta su hombro y entonces un enjambre de alacranes de todo tipo salió de todos los rincones de la casa y se colocaron en las paredes y el piso vitoreando a su amo que estaba de regreso.
Aurelio volvió a entrar a su casa, se dirigió a donde esta su equipaje y de una maleta saco un cuadro de marco antiguo y cuya pintura era de un estilo renacentista muy distinto a todo lo simbolista y expresionista que estaba colgado en las paredes.
En la pintura se veía una familia que constaba de tres mujeres, dos hombres y un niño pequeño vestidos de la época, pero de fondo un lejano y caluroso desierto, con un sol brillante en el firmamento y una estatua egipcia perdida en la arena.
Luego de colgar su cuadro Aurelio se dirigió al sótano, bajo por sus escaleras y camino directamente al fondo, alejado del mural, en un rincón oculto detrás de una de las columnas en donde estaba pintado el dios Horus pero en vez de estar rodeado de jeroglíficos, había runas y letras griegas en su lugar y entre las manos del dios un escorpión.
Aurelio toco uno de sus ojos y este se corrió a la derecha como una puerta corrediza dejando descubierto una indumentaria de faraón y un perchero. Aurelio se desvistió y se puso esa ropa. Mientras detrás de él, en el vehículo anticuado los escorpiones se encontraban agolpados encima del carro cubriendo cada centímetro cuadrado del mismo.
Una vez que Aurelio acabo de cambiarse y se dirigió al vehículo, los escorpiones fueron evacuando la zona con gran rapidez hasta que solo lo dejaron a él y el automóvil totalmente restaurado como si fuera nuevo.
Pero antes de entrar al mismo, Aurelio levanto su mano derecha con un báculo que venia junto con la indumentaria, dijo unas palabras en un extraño idioma y la figura de la diosa escorpión empezó a girar en el sentido de las manecillas del reloj, luego se levanto una ligera nube de polvo y el mural se abrió de par en par mostrando delante un paisaje irreal.
Unas arenas doradas, con un cielo muy azulado casi de un tono morado y un ardiente sol rojo, era el paisaje que se dibujaba frente a Aurelio mientras subía a su carro. Adentro su escorpión Kéasht lo esperaba encima del panel del piloto.
Aurelio metió la llave en el encendido y el vehículo arranco a la primera ronroneando como si fuera nuevo, luego empezó andar para adentrarse en aquel extraño paisaje y perderse en él.